La tecnología: ese ser

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La sociología me ha enseñado a desconfiar tanto de los discursos apocalípticos como de los que auguran la salvación. Me refiero a discursos relacionados con la emergencia o consolidación de algún tipo de dispositivo tecnológico. Estos relatos tienden a hablar de tecnología como un ente abstracto, homogéneo y autónomo. Como un algo que nos hace hacer cosas en contra de nuestra férrea voluntad (para mal) o que soluciona todos nuestros problemas (queramos o no).

No creo que haga falta decir que estos discursos, en la medida en que modelan y son reflejo de nuestra forma de pensar y actuar, entrañan un cierto peligro. Los apocalípticos, porque pueden llevar a explicaciones o justificaciones de algunas situaciones des-responsabilizadoras o negadoras de la agencia humana (“Si no hubiera tenido un arma…”, “Es que el móvil le tiene atrapado…”). Los de la salvación, porque pueden lograr que dejemos de lado nuestra voluntad de actuación (Internet como equivalente a democracia, por ejemplo, como si no fuera necesario hacer ya nada más para lograr un modelo político mejor porque con Internet acabará llegando por sí solo).  Continue reading

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Parece humor pero no lo es (o dame machismo y llámame feminazi)

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Siempre he sido partidaria de reírse de todo (y ojo que digo de todo, no de todos, que es un tema más delicado). Para mí, el humor es, entre otras cosas, una herramienta de visibilización: entre broma y broma, uno puede vislumbrar la seriedad del asunto y, como el humor traspasa fronteras, se puede hacer llegar ciertos temas y reflexiones a según qué sectores que tal vez de otra manera hubieran permanecido ajenos.

Así es. Creo profundamente en el humor como herramienta política. Pero (siempre hay un pero), como toda herramienta, ni es neutral ni está irremediablemente determinada. Y hoy que se habla tanto de los límites del humor quiero aportar mi granito de arena al debate.  Continue reading