Solidaridad vs. Caridad

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La idea de caridad (cristiana) está fuertemente arraigada en nuestra sociedad. Consiste en dar a quienes lo necesitan dinero, comida o ropa, principalmente. Es una acción individualista (tú, como individuo, decides dar o no dar) y en la que quien recibe la ayuda es un mero receptor pasivo.

La caridad puede tener un carácter individual (por ejemplo cuando una persona da dinero a alguien que está pidiendo en la calle) o puede estar organizada a través de agrupaciones como Cáritas (acción caritativa y social de la Iglesia católica en España) o el Banco de Alimentos (que se autodenomina organización benéfica, siendo benéfico “Perteneciente o relativo a la ayuda gratuita que se presta a los necesitados“.).

La caridad o la beneficencia tienen un carácter asistencialista, esto es, eventual y en el que la ayuda fluye de forma unidireccional de un individuo (el que asiste) a otro (el asistido), sin reciprocidad o implicación de la persona asistida. Esto hace que la persona que ha sido expulsada del sistema tienda a permanecer excluida, atrapada en el círculo vicioso de la pobreza.

Hogar Social Madrid

Un caso paradigmático de este tipo de organizaciones es el Hogar Social Madrid (HSM), un centro ubicado en el barrio de Chamberí y que, aunque se autodenomina “solidario”, es en realidad asistencialista, con el añadido de ser profundamente racista. Allí sólo reciben ayuda “los españoles de bien” (¿de bien?). La justificación que éste y otros colectivos del estilo dan es que las personas inmigrantes reciben por parte de la Administración más ayudas que los españoles. Pues bien: esto es totalmente falso.

Las ayudas sociales a personas inmigrantes y españolas en cifras, vía Ayto. de Fuenlabrada

Las ayudas sociales a personas inmigrantes y españolas en cifras, vía Ayto. de Fuenlabrada

También se critica que haya ONG y agrupaciones similares que únicamente ayudan a personas inmigrantes; la aparición de estas organizaciones puede explicarse por el elevado número de personas inmigrantes que han llegado a España en los últimos años, personas que tienen más dificultades para recibir ayudas del Estado (especialmente si su situación es “irregular”), que suelen sufrir mayores tasas de paro, tener menos redes familiares de apoyo, etc. Es decir: surgen para dar respuesta al problema concreto de que un gran número de personas inmigrantes no tienen acceso (ni en la teoría ni en la práctica) a las ayudas sociales a las que los españoles, al menos en teoría, sí pueden acceder.

Ilustración de Natalie Nourigat

Ilustración de Natalie Nourigat

Así pues, el criterio del Hogar Social Madrid a la hora de ofrecer su ayuda sólo puede considerarse racismo, desprecio a una persona por su lugar de origen y consideración de esas personas como menos importantes que las “nacionales”. Además, conviene no olvidar la larga tradición emigrante de los españoles, que ha tenido un repunte en los últimos años a causa de la crisis. Nosotros y nosotras también salimos del país en busca de mejores oportunidades y también recibimos ayudas en el extranjero.

Son conocidas también las vinculaciones de quienes forman parte del Hogar Social Madrid con grupos como el Movimiento Social Republicano y con numerosas agresiones a jóvenes y personas inmigrantes. Su ideología debe ser rechazada frontalmente y debemos impulsar alternativas solidarias, inclusivas y en las que se busque crear redes que ofrezcan herramientas a las personas para salir del ya mencionado círculo vicioso de la pobreza y no volver a quedar atrapadas en él.

Alternativas

Ejemplos de estas alternativas son los bancos de alimentos de las Redes de Solidaridad Popular, que se pueden encontrar en muchas ciudades, proyectos como el Banco de Alimentos de Tetuán o la Despensa Solidaria de Chamberí. Estos proyectos se caracterizan por implicar a las familias o personas que reciben ayuda en todo el proceso: recogidas de productos, repartos, asambleas y otras actividades de autofinanciación o formación que se puedan llevar a cabo. Esto permite crear lazos (donde se reciba por ejemplo apoyo emocional), crear redes de información (a través de las que puedan circular, por ejemplo, ofertas de trabajo), detectar otros problemas que puedan existir (violencia de género, problemas de vivienda, etc.) y derivar a las personas a otros grupos donde se sepan tratar dichos problemas.

Se puede argumentar que la implicación de los afectados no acaba con la fórmula caritativa/benéfica/asistencialista. Es cierto. Se sigue dependiendo de la voluntad de los demás. Pero creo que es un primer paso fundamental sobre el que seguir construyendo. Sin la participación de los afectados nunca podrá dejar de ser asistencialismo. A esto se debe sumar, como están haciendo algunos grupos, proyectos de soberanía alimentaria (cultivo de huertos para el abastecimiento de la despensa), actividades para la autofinanciación, etc.

La caridad es sólo un parche -y uno muy débil, además- que no ataca la raíz del problema: la enorme desigualdad existente entre unas personas y otras, el hecho de que haya quien se muera de hambre mientras otras personas se bañan en caviar. La solución a este problema social no puede ser de ningún modo individual. Incluso en el improbable caso de que ese “altruismo” pudiera compensar las fuerzas que generan la pobreza, el problema seguiría estando ahí. La vida de los demás no puede depender de una decisión individual. Es el momento de agruparse y de ser creativas, porque no podemos esperar a que la ayuda caiga del cielo.

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